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El año pasado, una corte de San Francisco determinó que el herbicida RoundUp fue una causa determinante en el cáncer del jardinero Dewayne Johnson. El juicio concluyó con una orden que obligaba a Monsanto (ahora Bayer) a pagar 289 millones de dólares por lanzar al mercado productos cancerígenos. Empezaron a surgir muchas otras personas con alegatos similares y algunos creían que esto podía ser un duro revés para esta empresa y su ahora compañía madre.

Pero las cosas dieron un leve giro, pues otro juez revisó el caso y el pago fue reducido a 79 millones de dólares y Monsanto ha apelado esto también, sosteniendo que no existen evidencias que vinculen causalmente a su herbicida con el cáncer, algo en lo que muchos de los organismos reguladores del gobierno de Estados Unidos coinciden. Así, tal vez el agrogigante, que es famoso no sólo por sus productos genéticamente modificados y aparentemente tóxicos sino también por un fuerte lobby entre científicos y políticos, podría volver a salvar su pellejo.

Sin embargo, aquellos que se oponen a esta empresa creen que existe una situación aún más importante y que podría ser trascendental en este sentido. Acaba de comenzar un nuevo caso en San Francisco, en el que se acusa a Monsanto de ser responsable de producir el cáncer de Edwin Hardeman. Este caso será juzgado por otro juez y algunos medios creen que de ser exitoso en contra de Monsanto-Bayer, entonces se sentaría un precedente y los cientos de otros casos que están ya alineados en la fila tendrían una perspectiva muy favorable.

Se espera que el juicio dure 1 mes, después de lo cual podremos saber si realmente esta odiada empresa y, lo que es más importante, sus productos, serán puestos seriamente en tela de juicio.