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El cuerpo humano ha sido objeto de estudio desde tiempos remotos y, aun así, algunas de sus funciones han escapado al entendimiento y la explicación.

Uno de esos fenómenos que permanecen en el misterio son las erecciones matutinas, que por razones obvias se asocian sobre todo con el cuerpo masculino pero que tienen también un equivalente en la mujer, como mostraremos a continuación.

Hasta donde se sabe, las erecciones matutina son un efecto de la tumescencia peneal nocturna, que es como se conoce científicamente a la erección del pene que ocurre espontáneamente durante la noche, entre 1 y 5 ocasiones (siempre y cuando el hombre no padezca disfunción eréctil). 

Cabe mencionar que este fenómeno es tan propio de la fisiología masculina, que según se ha documentado, comienza en el útero materno, se mantiene a lo largo de la vida e incluso se presenta en otras especies de mamíferos. 

En el cuerpo femenino existe un fenómeno análogo: las erecciones del clítoris, que pueden ocurrir igualmente durante el sueño. Recordemos que el clítoris y el pene son órganos que en el desarrollo del embrión humano poseen el mismo origen, por lo cual la estructura anatómica de ambos conserva ciertas similitudes.

El fenómeno de la erección nocturna, tanto en el pene como en el clítoris, está a su vez asociado con la fase de Movimiento Ocular Rápido del sueño, la cual, como se sabe, es el momento en que la persona duerme más profundamente. En este sentido, algunas hipótesis sugieren que en esa etapa el cerebro “apaga” las células noradrenergénicas, un grupo de neuronas encargadas de administrar la norepinefrina, el neurotransmisor de la la noradrenalina que, entre otros efectos, inhibe la erección del pene en la vida diurna. Sin dicho neuroquímico en el sistema, los órganos genitales actúan sin restricción, con los efectos conocidos.

Otra explicación del fenómeno apunta hacia la presencia del óxido nítrico en nuestro torrente sanguíneo, químico que las células liberan naturalmente cuando estamos relajados y que por un lado distiende los músculos pero, por otro, dilata los vasos sanguíneos. En el caso del pene y el clítoris, esto último conduce necesariamente a su erección.

'Céphale et Aurore', Pierre-Narcisse Guérin (1810)

Existe también una hipótesis que considera la función reparadora del sueño, la cual involucra tareas de “desecho”. Como se sabe, al dormir nuestro cuerpo se ocupa de numerosas funciones por las cuales “saca la basura” generada en nuestros procesos fisiológicos. Prácticamente todos los sistemas lo hacen. En el caso de la erección nocturna, se cree que una de sus finalidades es “oxigenar” el cuerpo cavernoso del pene, justamente el tejido que hace posible que éste se endurezca y que, sin las erecciones nocturnas, tendría actividad únicamente en los momentos de la excitación sexual. Gracias a dicha oxigenación constante del tejido, se previene la fibrosis cavernaria, esto es, la afectación del tejido que lleva eventualmente a la disfunción eréctil.

Una última explicación fisiológica relaciona la erección con las ganas de orinar. La erección nocturna se considera en este caso una erección reflejo, es decir, una erección que ocurre no como efecto de la excitación sexual (que en ese caso recibe el nombre de erección psicógena), sino como resultado de la presión sobre los nervios sacros y de la espina dorsal asociados con la erección del pene que una vejiga llena de orín es capaz de ejercer. El hecho de que las erecciones se presenten durante la noche o en las primeras horas de la mañana parece ser resultado, por un lado, del hábito adquirido en el ser humano de dormir varias horas continuas, sin pausa y, por otro, del aprendizaje necesario asociado a este comportamiento de contener las ganas de orinar. Esta explicación parece ser coherente con el hecho de que justamente después de despertar es muy común levantarse a orinar y también parece confirmarse en el caso de hombres en edades avanzadas, cuyo pene ha perdido la capacidad de erectarse, cuyo sueño se ve interrumpido por el deseo inaplazable de descargar su orín. Con todo, de todas las hipótesis presentadas, esta es la que se considera menos factible, pues el cuerpo cuenta con diversos métodos para prevenir que una persona orine espontáneamente.

Antes de terminar valdría la pena considerar también el aspecto inconsciente del sueño que, como bien observó Sigmund Freud, se caracteriza por ser un momento en que la mayoría de las represiones, censuras y resistencias se relajan, dando libre paso a todo tipo de pensamientos, fantasías, alucinaciones, ideas, etc. En relación con la sexualidad, el sueño también es importante porque permite la puesta en escena de comportamientos que por nuestro desarrollo civilizatorio aprendemos a reprimir. Con todo, la sexualidad es una energía que emerge, siempre, y en ocasiones encuentra en los sueños uno de sus medios predilectos de expresión. Prueba de ello son los llamados las eyaculaciones nocturnas o “sueños húmedos” que ocurren sobre todo en la pubertad, cuando el periodo de latencia sexual de la infancia llega a su fin y las pulsiones regresan a retomar aquello que les fue arrebatado. Las erecciones serían en este sentido una respuesta natural a una excitación sexual inducida por una ensoñación libre de censuras.

'Morphée et Iris', Pierre-Narcisse Guérin (1811)

En cualquier caso, todo parece indicar que las erecciones nocturnas y matutinas son reflejo de una buena salud física. 

 

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