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El médico Clayton Dalton ha escrito un notable artículo en la revista de filosofía Aeon. Dalton primero analiza la situación de la industria médica y sobre todo del mercado financiero que hace que las grandes empresas farmacéuticas y de salud necesiten de la existencia de pacientes crónicos. El médico considera que el paradigma económico en el que vivimos y ciertas tendencias del mercado hacen que sea muy poco rentable curar de raíz una enfermedad y no sólo tratar los síntomas.

Un caso que ejemplifica esto parece ser el del medicamento Harvoni, que cura completamente la hepatitis C. De un año astronómico de 13.8 mil millones de ingresos en 2015, en el 2018 se proyecta que Havroni y otros cuatros medicamentos que tratan la hepatitis C ingresarán solo 4 mil millones de dólares. La siempre perversa Goldman Sachs ha investigado el caso y advierte a inversionistas que el caso de Havroni revela algo de lo que se debe tener cuidado: un fármaco que cura demasiado y erosiona su propio mercado. En otras palabras, es mal negocio curar completamente una enfermedad pues de esta forma no se tienen enfermos que son clientes frecuentes. "En un sistema movido primordialmente por obtener ganancias, algunas enfermedades o tratamientos están condenadas a languidecer simplemente porque no son lucrativas", escribe Dalton. 

Dalton explica que otro elemento que juega en contra del desarrollo de tratamientos verdaderamente curativos tiene que ver con la llamada "Orphan Drug Act". En 1982 se aprobó una ley que incentivaba a las farmacéuticas a desarrollar medicamentos para enfermedades raras o "huérfanas", las cuales no eran rentables. Las farmacéuticas recibían subsidios y siete años de exclusividad en el mercado. Esto ocurrió luego de que la serie de TV, Quincy, transmitiera un episodio en el que se contaba la historia ficticia de un niño con el síndrome de Tourette's que se suicidaba. Se investigaba el caso y se entrevistaban representantes de la industria farmacéutica, los cuales explicaban que no había medicamentos para estas enfermedades porque no eran rentables. La ficción probó ser verdad.

Ahora bien, esto parece ser una buena idea, pero como Clayton Dalton señala en realidad la apuesta por las "orphan drugs" ha distorsionado al mercado. Pues con el tiempo estos medicamentos se han convertido en enormemente rentables, pues al tratar enfermedades raras, la mayoría de las cuales son crónicas, suelen venderse a grandes costos -además del subsidio-. La apuesta por estos medicamentos evita que se desarrollen mejores tratamientos para enfermedades más comunes. En el 2010, el 30% de los medicamentos aprobados por el FDA fueron para medicamentos huérfanos, pese a que las enfermedades que entran dentro de esta clasificación sólo afectan al 10% de la población. Mientras tanto el tratamiento para condiciones cardivosaculares y el desarrollo de antibióticos se ha anquilosado. 

Dalton traza quizás el momento más significativo y en cierta forma oscuro en la historia del sistema de salud estadounidense -modelo que es común a muchos otros países-. Al tiempo que se estableció la industria de los seguros médicos a finales de los 50 se desarrolló también un modelo en el que "los doctores eran pagados por intervenir en lugar de prevenir". Esto significó que los medicamentos "que podían ser comprados y vendidos, se priorizaran por sobre cambios de estilo de vida que no podían [comprarse o venderse]". Estos medicamentos, estando el tratamiento cardiovascular en la vanguardia, han probado ser efectivos en el caso de la extensión de vida, pero no proveen una cura, sólo ofrecen control sin lidiar con la causa. El negocio es enorme, las estatinas producirán en un par de años más de 1 billón de dólares anuales.Y las compañías de seguros se benefician igualmente, pues entre más tengan que gastar para reembolsar a los médicos, más dinero ganan. Dalton, sin embargo advierte que no se trata de una teoría de la conspiración de malignas compañías farmacéuticas, sino de una consecuencia lógica de la noción de que el cuidado a la salud es una industria y no un servicio. 

Dalton considera, por otro lado, que es posible, con ideas innovadoras, seguir generando ganancias y cambiar el modelo hacia uno preventivo. Tal es el caso del médico e investigador Dean Ornish, cuyo programa ha reducido los gastos por procedimientos cardiacos un 50% en tres años y aún así ha producido ganancias para una compañía de seguros que le apostó a su programa. Para que estos planes funcionen es necesario que la persona asegurada se mantenga un periodo largo con su aseguradora para que ésta se dedique a invertir en un cambio de estilo de vida para su cliente. En vez de recibir dinero del seguro para comprar medicinas, pagar doctores y estudios, la aseguradora provee comida orgánica, dietas, entrenadores para hacer ejercicio, terapia, etc. Menos pastillas y más vida. Pero por supuesto no son muchas las aseguradoras que se atreven a jugárselas por un programa así. A fin de cuentas lo que resulta esencial es un cambio de paradigma hacia una visión de la salud y también de la economía a mediano y largo plazo y no a corto plazo. No pensar en sentirse bien hoy o en ingresar mucho el siguiente cuatrimestre sino en invertir en algo sustentable.