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La confianza en uno mismo, según los psicólogos, es el resultado del autoconcepto y la autoestima, la cual puede alterarse ante diferentes estímulos como el trato de otros hacia uno, la crianza, la eficacia con que uno se enfrenta cada uno de los retos en la vida, etcétera. Si bien es verdad que fundar una autoconfianza empoderada y saludable no posee una solución de cinco segundos, requiere un largo trabajo de introspección, sinceridad y una motivación constante. En muchas ocasiones, los terapeutas en la salud mental recomiendan hacer un cambio de mentalidad, un mindset, en el que se introduzca un pensamiento positivo a favor del éxito.

No obstante, ¿qué pasa cuando la autoconfianza desborda la realidad? De acuerdo con el biólogo Dominic Johnson y el científico James Fowler, el exceso de autoconfianza “sólo resulta en valoraciones falsas, expectativas irracionales, decisiones arriesgadas, por lo que queda por descubrir cómo esta falsa creencia puede evolucionar o establecerse en una población con estrategias competitivas que incluyen creencias si bien precisas pero imparciales.” Es decir, ¿cómo es posible que una creencia de autoestima y autosuficiencia pueda evolucionar al grado de  distorsionarse de la realidad?

Psicólogos como Heidi Grant, de la Universidad de Harvard, proponen como ejemplo el caso del actual presidente de EE.UU., Donald Trump, quien no sólo se considera un ser apto para su puesto de trabajo, también culpa a otros cuando los resultados o las consecuencias se salen de sus manos –y, además, no son del todo positivas. Grant se pregunta entonces, “¿Por qué la persona excesiva de su autoconfianza permanece felizmente ignorante de sus propias limitaciones?”

Si bien podríamos sacar a relucir el bien conocido efecto Dunning-Kruger, nuevas investigaciones han llegado a considerar otras opciones: Los psicólogos sociales Joyce Ehrlinger, Ainsley Mitchum y Carol Dweck consideran que este fenómeno puede relacionarse con las creencias implícitas que el individuo sostiene sobre la maleabilidad de su carácter y sus habilidades. En otras palabras, “hay ciertas personas que ven tanto a su personalidad como inteligencia como fenómenos ‘fijos’,–i.e. vives de cierta manera y no puedes hacer nada al respecto–, mientras que otros creen que son capaces de adaptarse al cambio y a desarrollar con esfuerzo una experiencia.” Y normalmente las personas con el primer tipo de mindset, prefieren demostrar que son inteligentes ante los demás que buscar otras oportunidades para volverse más inteligentes. De hecho, en sus estudios se comprobó que “aquellos estudiantes con un minaste fijo en verdad eran excesivamente autoconfiados –sus estimaciones eran más del 25 por ciento más altas que sus resultados–. Y aquellos estudiantes que creían que sus habilidades eran maleables –i.e. un minaste de crecimiento– subestimaron su desempeño por un 5 por ciento.” Es como si el poseer un mindset de habilidades fijas, motivara a sobrevalorar esas habilidades.

Si este tipo de mindset puede convertirse en la clave de regulación de la autoconfianza, pues incluso Ehrlinger y colaboradores consiguieron descubrir cómo los estudiantes de un mindset fijo se esmeraban más en problemas sencillos y menos en los más complejos, seleccionándolos de manera que pudiesen reforzar su exceso de autoconfianza –y así confirmar su opinión sobre ellos mismos–. Y por tanto se trata de un factor social que, con la psicoeducación adecuada, puede moldear una personalidad más maleable: “Con esto no se quiere decir que una persona no es estable con el paso del tiempo, pero estudios longitudinales sobre los rasgos de personalidad han encontrado que los rasgos varían considerablemente con la edad, así como los coeficientes intelectuales que pueden saltar según el medio ambiente y el aplicador de la prueba. Sí, hay límites, pero las personas pueden y suelen cambiar con esfuerzo y experiencia.”

Después de todo, la personalidad de una persona puede ser el reflejo tanto del cerebro como de su neuroplasticidad, tales que pueden cambiar con el paso del tiempo y llenarse siempre de riquezas culturales, diversidades sexuales y conocimientos extendidos por el tiempo y el espacio. Bastaría, quizá, tomar consciencia sobre la realidad de uno mismo y a partir de entonces tomar acciones que afectan a uno, a segundos e incluso a terceros.

Fotografía principal: The Simpsons, por Matt Groening