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Entre las principales bases de la física clásica se encuentran las leyes de Sir Isaac Newton, quien en 1687 publicó su obra maestra, que contenía sus tres principios del movimiento de los cuerpos en el universo. A partir de ello se ha podido explicar el movimiento de los astros, el de los proyectiles artificiales, y el funcionamiento de las máquinas. Y, de acuerdo con el bloguero y entrepreneur James Clear, estas leyes pueden convertirse en la perfecta analogía de la productividad, con el fin tanto de simplificar el trabajo como de mejorar el estilo de vida.

Según el autor, la primera ley, la de la inercia (“Todo cuerpo se mantendrá en estado de reposo o movimiento uniforme y rectilíneo a no ser que sea obligado a cambiar su estado por fuerzas imprevistas por él”), es una perfecta analogía de la productividad. En palabras de Clear: “En muchas maneras, la procrastinación es una ley fundamental del universo. Es la primera ley de Newton aplicada a la productividad. Los objetos en descanso tienden a quedarse quietos”. Y no sólo eso; también ocurre que los objetos en movimiento tienden a moverse. De modo que, cuando se habla en términos de productividad, basta con “empezar a moverse” para que la ley siga surtiendo efecto.

Para superar la procrastinación o la inmovilidad basta con dar los primeros pasos de aquella actividad que se quiere realizar: si se va ir a correr, entonces ponerse la ropa adecuada y poco a poco, como si se engañase a la mente, sólo hacerlo; si se tiene que hacer un reporte, escribir dos o tres líneas principales al respecto puede ayudar a dejar fluir las frases hasta poder terminarlo. Por decirlo de otra manera, la motivación viene una vez que se ha empezado, y poco a poco, paso a paso, se van alcanzando los objetivos que se tienen en mente.

La segunda ley, la de la dinámica (“El cambio de movimiento es directamente proporcional a la fuerza motriz ejercida y ocurre según la línea recta a lo largo de la cual se ejerce aquella fuerza”), puede también aplicarse a la productividad, de tal modo que F=ma –en donde F, un vector, implica tanto magnitud como dirección– implique el tamaño de la fuerza que se aplica y la dirección hacia donde va dirigida esta fuerza para generar cambios en la vida profesional.

En otras palabras, para ser productivo no basta tan sólo trabajar arduamente (aplicando magnitud); también es indispensable saber hacia dónde se aplica esa energía (dirección). A partir de ello, es posible tomar grandes e importantes decisiones respecto de la propia vida.

Y finalmente, la tercera ley, la del principio de acción y reacción (“Con toda acción ocurre siempre una reacción igual y contraria; esto quiere decir que las acciones mutuas de dos cuerpos siempre son iguales y dirigidas en sentido opuesto”), marca la velocidad con la que tendemos a actuar. Para Clear: “Tus niveles típicos de productividad y eficacia se encuentran constantemente en balance a través de las fuerzas de la productividad y la improductividad en la vida (muy similar a las fuerzas opuestas e iguales de Newton)”. Por ejemplo, las fuerzas productivas en nuestras vidas son el enfoque, la posibilidad y la motivación, y las fuerzas improductivas son el estrés, la falta de sueño y la dificultad a la hora de querer abarcar muchos objetivos a la vez.

Para lidiar con ambas fuerzas, Clear recomienda añadir un poco más de fuerza productiva mediante una taza de café, un trabajo más arduo y mucho más esfuerzo para mantener la atención. Sin embargo hay que tener cuidado a la hora de emplear la fuerza productiva, ya que es posible excederse y provocar hartazgo, crisis o alguna enfermedad. Otra opción es eliminar las fuerzas opuestas: simplificar la vida, aprender a decir “no”, cambiar el ambiente que nos rodea, reducir el número de responsabilidades y así, aminorar el hartazgo que uno puede estar cargando en la espalda.

 

Fotografía principal: Bucket Glanacion